Introducción.- La selección
genética ha producido animales cada vez más productivos
desde el punto de vista individual. Ello constituye un progreso que,
como tal, no está exento de problemas; particularmente, para
el sistema en pastoreo. Puesto que este sistema no alcanza a ofrecer
todos los recursos alimentarios indispensables para que el potencial
genético total efectivamente se manifieste. En consecuencia,
en la Argentina, en donde el sistema en pastoreo constituye la columna
vertebral de producción bovina para carne y leche, dado el enorme
potencial productivo de los reproductores seleccionados hoy en día,
nos enfrentamos con el siguiente dilema: o sustituimos el sistema en
pastoreo por el sistema intensivo y a corral (desaprovechando las ventajas
del sistema de pastoreo), o cambiamos el objetivo de selección.
He aquí una primera razón para referirnos al ajuste entre
el sistema y la selección genética, para después
referirnos a la demanda del mercado. La selección
funcional consiste en ajustar la genética
al sistema de producción y a la demanda del mercado.
Economía, ecología, fisiología y sistema
de producción. Partimos de la base que en la Argentina,
ni la relación de precios de insumos y productos, ni la economía
en general, ni la fisiología del rumiante, ni las características
ecológicas, justifican la sustitución del sistema en pastoreo
por el sistema intensivo, estabulado y a corral, de elevada utilización
de insumos para la producción de carne y leche. Por cierto que
eso no significa mantener estática la tecnología del sistema
en pastoreo, ni negarse a utilizar, en tiempo y forma, suplementación
estratégica. Ya que el techo de productividad del sistema en
pastoreo se encuentra muy lejos de los niveles productivos alcanzados
no sólo en los mejores sistemas comerciales de producción,
sino también en los sistemas experimentales. Y este punto por
sí solo merecería una discusión mayor.
Productividad en pastoreo. Varios años atrás
realizamos una experiencia de campo en la que quedó en evidencia
que el aumento del tamaño de las vacas obliga a una disminución
de la carga, medida en número de cabezas por hectárea
(que los animales más grandes tienen mayores requerimientos que
los más chicos, es una cosa tan obvia y tan sabida que no deberíamos
volver sobre ello). Y a pesar de que las vacas más grandes producen
también terneros más pesados, la producción es
superior con mayor número de vacas más chicas por hectárea
que, con mayor número de terneros destetados, compensan el menor
peso de los mismos (1). Ahora también estamos en condición
de afirmar que en condiciones de engorde en pastoreo, los novillos más
grandes no son más eficientes en producción por hectárea
que los más chicos; al contrario (2).
Consecuentemente, desde el punto de vista productivo del sistema en
pastoreo y la rentabilidad del mismo, la conveniencia de introducir
animales de mayor producción de carne por cabeza, no agrega nada
a la eficiencia de producción. En todo caso, podría argumentarse
que la introducción de ese tipo de reproductores es una necesidad
establecida desde la demanda. ¿Es esto realmente así?
Trataremos de responde esta pregunta.
El mercado de carne. Entre el 80 y el 90% de la carne
producida en el país, según los años, es absorbida
por el mercado interno. Es este mercado interno el que paga los mejores
precios al productor. El peso de media de res de este mercado es del
orden de 200 kg. Las mejores de estas reses proceden, de novillitos
de muy buena terminación de entre 350 kg y 400 kg de peso vivo.
Esta tendencia está reflejada por el precio, ya que el precio
por cabeza decrece en relación inversa la edad y al peso de los
animales (a mayor peso y edad, menor precio por kilo). Este precio constituye
un verdadero índice que no conviene ignorar, en beneficio de
la economía de producción.
Es una frase hecha que el mercado externo (entre el 10 al 20% de la
producción) requiere reses pesadas ¿Hasta dónde
esto es realmente cierto?. Recordemos que el protocolo original, vigente
hasta fines de 2004 de la llamada cuota Hilton estipulaba, entre otras
cosas, que los cortes no deben proceder de animales de más de
460 kg de peso vivo, de dos dientes, engordados a pasto. Ese peso indicado
como máximo parece válido también para la mayor
parte del resto de cortes especiales.
En consecuencia, para la rentabilidad de la explotación
del sistema en pastoreo, como también para satisfacer el grueso
de la demanda, sea interna como externa, se requiere un animal de tamaño
chico a moderado. El tamaño chico y moderado de reproductores
machos y hembras, asegura entre otras cosas: mayor cantidad de vacas
con facilidad de parto; mayor cantidad de terneros destetados; mayor
producción por hectárea; novillitos y novillos “blandos”,
de fácil terminación y versátiles, en cuanto pueden
estar bien terminados en distintos pesos de alto precio; terminación
antes del 2° invierno en condiciones de pastoreo; y en definitiva,
mayor precio por kilo producido y menor costo de producción.
La selección funcional
se orienta, sin espejismos de ninguna clase, a obtener el tipo de
reproductores que se ajusta al sistema de producción y a la
del grueso de la demanda, sea ésta interna o de la exportación
de la mejor carne argentina. Estamos en condiciones de practicar esta
selección funcional
en todos los rodeos argentinos. Selección
funcional que, basada en los progresos científicos
y tecnológicos de la genética y de la evaluación
de la calidad de reproductores y productos (carne y leche) nos conduzca
a que el productor argentino gane en eficiencia, en calidad y en rentabilidad.
Ing. Agr. Fernando Ibarbia
fibarbia@hotmail.com
Julio/Agosto 2003.
(1). Molinuevo, H. A. 1967.
Estimación del peso al destete por unidad de superficie y su
relación con el tamaño de las vacas. Rev. Invest. Agropec.,
Serie 1, Biología y Prod. Anim. 4, 37-47.
(2). Molinuevo, H. A. 1997. Individual performance
and production per unit area of grazing steers of different potential
growth rates. Animal Science (British Soc. of Anim. Sci.), 65, 373-381.