Epílogo
 
Pasaron más de cuatro siglos desde la introducción del ganado bovino en la región que hoy ocupa la Argentina y más de un siglo desde la primera exportación de carne refrigerada. La introducción y difusión de las razas hoy más difundidas contribuyó al crecimiento de la exportación de carne de primera calidad. A lo largo de todo este periodo, ganaderos y seleccionadores se han nutrido con inteligencia, de conocimientos elaborados afuera de la región. No obstante, la escasa investigación en el propio modelo de producción, ha llevado no pocas veces a la introducción dispendiosa de tecnología no totalmente adaptada al sistema. Mucha de la importación de la genética bovina constituye un buen ejemplo en tal sentido.

En reconocimiento a los visionarios que entrevieron el enorme potencial de la ganadería en el país, es necesario hoy recapacitar sobre el sabio consejo del primer presidente de la Sociedad Rural Argentina, D. Enrique Olivera, cuando recomendaba antes de que el siglo XIX se extinguiera: “…buscad dentro del país, sin salir de él, los elementos mejores y más adaptados a nuestro clima y a las condiciones económicas de nuestros mercados, que los que hacéis venir con gran costo desde el extranjero. Aflige ver los inmensos capitales de que nos desprendemos anualmente y que salen a enriquecer a criadores extranjeros, cuando podrían haber servido en el país a las mejoras de nuestras diversas razas de ganado”.

Hoy bien sabemos que el progreso genético ha estado acompañado estrechamente por un cambio sustancial en los sistemas de producción, mediante la incorporación de tecnología hasta establecer un sistema altamente intensivo, que extrae la máxima producción individual de los animales en explotación. Ello se ha producido, muy particularmente, en los países de mayor desarrollo, de inviernos rigurosos, que para asegurar el abastecimiento de una población numerosa, con alta disponibilidad de recursos económicos, no han vacilado en subsidiar fuertemente la producción. No es esa la situación ecológica, ni económica, ni social en la región pampeana.

En este sentido, es interesante destacar que desde los estrictos conocimientos de genética cuantitativa, no puede afirmarse que la genética y el ambiente específico, o sistema, sean independientes entre sí, sino todo lo contrario. Ello le da plena base de sustentación científica a lo que ese pionero que fue D. Enrique Olivera decía sólo basado en sus observaciones, impresiones y sentimientos más profundos. Así pues, en la línea de su percepción, podemos hoy retomar sus dichos precisando que los ganaderos y seleccionadores argentinos podrían “servir más en el país a la mejora de nuestras diversas razas de ganado” (como Olivera lo planteó) fijando sus propios objetivos y métodos de selección funcionales al sistema de producción y al mercado al que tienen acceso. Ello contribuiría, además, a la mayor eficiencia de producción del sistema en pastoreo.

H. A. M.

 

CON MI DEBER HE CUMPLIDO
y ya he salido del paso;
pero diré, por si acaso,
pa que me entiendan los criollos:
todavía me quedan rollos
por si se ofrece dar lazo.

Y con esto me despido
sin expresar hasta cuándo.
Siempre corta por lo blando
el que busca lo siguro;
mas yo corto por lo duro,
y ansí he de seguir cortando.

… … … …

Y guarden estas palabras
que les digo al terminar:
en mi obra he de continuar
hasta darselás concluida,
si el ingenio o si la vida
no me llegan a faltar.

Martín Fierro*

*José Hernández. Martín Fierro. Vers. 7121-7132; 7181-7186

 

 

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